domingo, 19 de noviembre de 2017

ODIN en el Cerro de la Estrella

Participé en la carrera de la empresa ODIN este 18 de noviembre en el Cerro de la Estrella. Familiares cinco kilómetros con una excelente altimetría: como me gustan los trayectos campo traviesa: duros y escarpados.

Cinco kilómetros catárticos que me permitieron extender lazos entre mi familia paterna. Porque todos perdimos lo mismo (ya sea un maestro, abuelo, padre, hijo, hermano, tío). Y el sentimiento de unión y dolor es el mismo. Y en su misma naturaleza nos une a salir a correr. Por él.

Por mi padre.
Quizás era su sueño que estuviéramos juntos. Este sábado nos unió. Sigue aquí.

Gracias.



domingo, 16 de abril de 2017

Next stop: Tiste (Baja Sajonia) | Pantano, hoguera, Cola-Korn y 25 km en el bolsillo

Tiste

El periodo de Pascuas lo paso en Baja Sajonia. Me invitan a Tiste (que incluso tiene una página propia en Internet, picar aquí), una población que será un poco difícil de ubicar en los mapas y cuenta con poco más de ochocientas personas.  Es una zona de pantano y de turba (carbón fósil formado de residuos vegetales). Y justamente estas dos palabras que aquí aparecen en todos los letreros me suenan bastante bien en sus equivalentes alemanes, Moor y Torf.

Por estos lares se hacen hogueras por Pascuas (Osterfeuer), cuando comienza a oscurecer salen los lugareños a apreciar el fuego. Y pasan el tiempo tomando cervecita o un cola-korn (bebida destilada alemana fabricada a partir del centeno). El cielo está escampado, todo el día ha soplado el viento. Una de estrellas desperdigadas por el firmamento completan la noche. Se nota que vivir en ciudad tiene sus contras. Aquí hay silencio, hay estrellas, el aire es endemoniadamente más ligero y limpio. Y la cerveza sólo cuesta un eurito.







Hoy domingo sólo toca apagar motores. Aquí termino propiamente el entrenamiento para Madrid y espero que haya sido suficiente. El viento sigue soplando igual que ayer y es imposible predecir qué tiempo hará en la siguiente media hora. Las nubes se mueven de un lado para otro y el sol aparece y se va intermitente. Apagando motores...


domingo, 19 de marzo de 2017

Un dinosaurio en la ciudad

Ya va para un año que vivo en Moabit, una parte de Berlín que se asocia mucho a extranjeros, caos, subcultura.

A mí me encanta vivir en este barrio con estructura de isla, protegido de todos pero a un paso de todo.
Ayer mientras salía a correr un poco, me salió un dinosaurio en el camino. Posiblemente todos los peatones y corredores estábamos igual de embelesados. Tal vez era el sol preprimaveral, o quizás era esa figura rara extinta, que paseaba al lado del río Spree.

Berlín nos empujaba a volver a casa, pero la mayoría teníamos tanta saudade de sol, que nos quedamos fuera a caminar o correr, je nachdem.






jueves, 5 de enero de 2017

Un paso

Eso es correr: Un paso.
A la vez. No más. No menos.

Un paso.

Ya está.

geschafft.


Hoy volviendo a casa corriendo, disfrutando un clima fresquito... Y me río de los que esperan en la parada de bus y se doblan de frío, y me alegro de avanzar.

Voy ligera sin ir rápido. No me interesa medir el tiempo ni la distancia. Me parecen tan lejanos esos días donde todo debía cuantificarse.

Me surge la duda si llegaré a casa. Tal vez tenga que seguir en bus y conformarme con un par de minutos corriendo.

Siguen las calles principales llenas de lucecillas navideñas. Árboles de Navidad se encuentran tirados a diestra y siniestra, abandonados.

Y yo sigo.

Así de fácil.

El viento me regresa unos pasos, faltan todavía unos semáforos. Sopla tanto el viento, el frío muerde las orejas. Sigo. Un par de ciclistas se bajan de la bicicleta. No se puede seguir así, entre sal, viento, frío y tanta oscuridad. Sólo las lucecitas de Navidad alumbran. Todo lo demás se lo traga el invierno.

Llegué a casa y camino un poco para aflojar las piernas. Hace frío, siento la espalda congelada, los dedos se entumecieron. Y yo con una sonrisa que me calienta el cuerpo. No me hace falta nada más.



martes, 27 de diciembre de 2016

Invierno, Berlín y mindfulness

La ciudad recuperándose del susto que dejó el atentado terrorista, trabajadores que no pararon en el 2016 y que están terminando el año en la oficina... Amigos que se han vuelto familia...

Y un invierno suavecito, que acobija, que lo deja a una salir a caminar, a pensar.

Tiergarten ayer,
Volkspark Schöneberg hoy...

con la canción más mindfulness que me pueda imaginar...


Getting Some Fun Out of Life

When we want to love, we love
When we want to kiss, we kiss
With a little petting, we're getting
Some fun out of life
When we want to work. we work
When we want to play, we play
In a happy setting, we're getting
Some fun out of life
Maybe we do the right things
Maybe we do the wrong
Spending each day
Just wending our way along
When we want to sing, we sing
When we want to dance, we dance
You can do your betting, we're getting
Some fun out of life

domingo, 25 de septiembre de 2016

Berliner Marathon 2016

El año comienza a acabarse. La cosecha está en la mesa.
Hoy tuvo lugar el maratón berlinés con cerca de 40 000 participantes.

Berlín se para cuando llega el maratón. Y las calles se cierran, se llenan de turistas deportivos, de familiares que llevan pancartas para sus héroes.

Pasan caras, tantísimas caras. Unas van sufriendo, otras van sonriendo y cantando. Otras van contando los kilómetros y calculan la velocidad.

Hoy observo y miro cómo marchan los maratonis.
Hoy aplaudo.

Qué la ciudad se pare y los vea. No dejan de pasar.




martes, 26 de julio de 2016

Cerca del cielo - Pirineos

Una parte de disfrutar correr es apreciar otros deportes como el senderismo o el ciclismo. En esta ocasión tuve la oportunidad de ir a los Pirineos.
En algunos momentos estuve del lado aragonés y en otros del lado catalán. Hubo tiempo de visitar algunos poblados y otros no tan poblados.




Está de más decir lo agotador que puede ser un día entero en la montaña sujeto a grandes cambios climáticos. No tiene la facilidad del correr: uno agarra sus tenis, ropa ligera y ya se empieza a ejercitar. En el senderismo no, hay que tener un poco más de paciencia, prepararse mejor. Aguardar el momento del primer paso para mucho después; apenas con la mochila encima y luego de haber recorrido mentalmente los preparativos, la ruta y después de echarle un vistazo al clima también.
 
 

A pesar de eso, también sobra decir que las vistas merecen la pena. Que el caminante tiene esa tranquilidad; posee ese estado contemplativo hacia afuera que deja apreciar mucho mejor el paisaje.



 Y... dan ganas de correr, de volver a la montaña que nos dejó conocerla y subir corriendo, jadeando, con el corazón hinchándonos el pecho y sin saber muy bien cuándo se nos acabará el aliento. Correr en la montaña es casi un acto de comunión. Sí, para aquel no lo ha probado, sin duda exagero.



Pero pocas veces uno siente tanto el cuerpo, tan vivo como en la montaña haciendo algo tan minimalista como caminar.





Caminar, andar, correr. Así de fácil puede ser la vida.