Pues sí. Para qué mentir. Ya el siguiente proyecto me está llenando la cabeza de ideas impías. :-)
Me apunté a un ultra.
Hoy me la paso revisando blogs, artículos y planes de entrenamiento.
Sí. Salgo del clóset y acaricio la idea de volverme ultramaratoni...
La cita es en Trebatsch (que no conozco) para terminar en Cottbus (cuya estación de trenes es lo único que conozco).
El 22.02.15 tengo otra chance. Vamos a ver si ahora sí consigo pasar los 42.
jueves, 13 de noviembre de 2014
lunes, 10 de noviembre de 2014
Volviendo a los orígenes
Recuerdo
que en la universidad me despegué un poco de los amigos cuando cambié de turno
y pasé de la mañana a la tarde. Me daba tiempo de hacer más cosas y estaba
prácticamente todo el día en la facultad, salía de casa como a las diez y
regresaba doce horas después.
Las horas
muertas no faltaban y empecé a llenarlas corriendo. Recuerdo que empecé por
correr una vuelta a un circuito de tres kilómetros. Un circuito que sabiendo
bien la hora, uno se libraba del sol. Entonces, corría por correr. Para mí
salir a correr significaba terminar sudando (de ahí mis tres camisetas encima
con las que salía porque sudo poquísimo yo y había que terminar mostrando al
mundo el esfuerzo físico). No fui rápida en ese tiempo, nunca terminé sin
cansarme, acababa con la lengua de fuera. No tenía técnica ni conocimiento
alguno de que a veces más es menos.
Luego,
cuando la universidad se puso más difícil, salía para vaciarme la cabeza. Después,
cuando llegué a conocer el invierno alemán, comencé a salir para no caer en
depresiones. Finalmente ocurrió: comencé a correr por placer. Y entre tantos
motivos se movió la frecuencia, se aumentó la distancia. De repente terminé
planteándome el reto del maratón. Aquí estoy ahora, tres años después de ese
proyecto diciéndome que ser maratoni no es correr esos 42km sino entrenar para llegar
a eso.

Paralelamente mis planes, la vida, el trabajo me llevaron de México a Tubinga, Düsseldorf, Stuttgart, Berlín, Toluca y ahora, antes de terminar mi sabático, hago una parada voluntaria en un lugar tropical. Sépase que tengo una relación de odio declarado al calor. Pero a pesar de mi animadversión, terminé en Belém, la ciudad más grande del estado de Pará, perteneciente todavía a la Amazonia.
Terminé en
una ciudad que casi llega a los dos millones de habitantes; que tiene una
temperatura promedio de 30 grados... (y raras son las temperaturas que uno
tiene por las mañanas que sean menores a 21). Una ciudad –por desgracia– donde
uno viene cuidándose hasta de su propia sombra porque carteristas, pillos y
demás buscan ganarse el pan de cada día a costas de los otros. Una ciudad que
para mí ya no queda en Brasil, sino en un tipo de limbo, aislado de todo. El
estado de Pará es la mitad del territorio mexicano. Así de grande se siente
estar aislado. Salir por aire o por mar. Cerca y lejos son palabras que sirven
para diferenciar quién es lugareño y quién no.
Las
avenidas principales presumen edificios llenos de historia, en algunas de ellas
se puede uno resguardar bajo la fronda de mangos enormes que atajan los rayos
de sol.
¿Cómo
correr en esas condiciones? ¿Temperatura extrema e inseguridad en las calles?
Volviendo a
los orígenes. Solo así voy a poder correr. Olvidémonos del reloj, del
cronómetro y de planes de entrenamiento.
Primero
conozcamos otra vez el cuerpo. Y dejemos que la cabeza corra también a su
tiempo. Corramos en una plaza. Una vuelta, dos vueltas, tres vueltas, cuatro
vueltas, cinco vueltas. ¿Soy la única que se está volviendo loca? Como
dirían los alemanes: ich drehe durch,
ich spinne. No voy a aguantar otra vuelta más aquí. Esto es
para darse un tiro en la cabeza.
Vayamos en
el otro sentido. Vayamos ahora lento. Vayamos rápido. Esta pista es lo más
pequeño que he corrido jamás. Los demás parecen inmunes. ¿Salen drogados?
¿Están dormidos? ¿Meditan? ¿Qué superpoder adquirieron?
Pero lo conseguí,
dos vueltas más de las que hubiera pensado. El cuerpo completamente empapado de
sudor. Eso es nuevo. Yo no sudo. Y ahora arroyitos de sudor nacen de mis
brazos. Si consigo dar la próxima vez una vuelta más en esta plaza, seguramente
me volveré loca, pienso. Pero no, ya llega pronto esa sensación de bienestar
que me da cuando corro.
¡Qué bien!
Aunque sea un poquito, aunque sea enjaulada salí a correr.
Uno días
después, el cuerpo se siente seguro, se siente despierto, se siente fuerte y
atento. Mi compañera y yo salimos de la plaza. Corremos por una avenida grande y
transitada. No puede pasar nada. No va a pasar nada. Calles, cruceros,
mendigos, drogadictos, paseantes.
Y allí
están, también en Belém. Son ellos. Una hilera de corredores se adueña de la
avenida y reclama lo que por derecho le corresponde: Somos corredores, somos
libres. Y la ciudad, al menos por esos instantes, es nuestra.
Esos
corredores se fueron, fugaces. Antier, al llegar a una fiesta en otro barrio me
doy cuenta de que no eran espejismos. De que estos corredores sí tienen garra
para defender su deporte, no se doblan, no se quiebran, salen. Estaban allí,
tomando la calle, unos cuidándose a los otros.
Belém es
una ciudad que me provoca dolores de cabeza, mal humor, deshidratación. Pero a
pesar de eso, puede más la fascinación que le profeso. Pueden más sus buitres
porteños que miro embelesada, puede más su mercado que vende bolsas enteras de
frutos amazónicos como la acerola, la pupuña, el anacardo. Deberían ver sus
fachadas coloniales que nadie parece prestarles atención. Deberían de saber que
pocas veces duermo con tanta profundidad como aquí. Deberían de saber que es
una delicia ducharse con agua fría, porque el calor te exige que lo hagas. Y
esto no solo una sino tres veces al día.
Y yo que
pensé que ya podía entrenar en “automático”. No, nunca es así. Qué manera de
recordar que uno tiene a veces grandes ventajas y facilidades simplemente por
el lugar en el que vive.
Gracias, Belém por recordarme mis orígenes.PD: 10km Circuito Corujao -riquísima corrida quasi nocturna. :-)
domingo, 19 de octubre de 2014
lesión y otros temores
Dado que la búsqueda por tratarme un malestar en la cadera y pelvis se prolongó, tuve que optar por la infiltración.
Mi diagnóstico pasó por bursitis, hernia, pinzamiento, coxitis, y paremos de contar.
Ahora, tres semanas después me siento bien. Sin dolor, sin inflamación. Dormir ininterrumpidamente es otra vez posible. Así que es hora de mover el esqueleto.
Empecemos sin perder la cabeza. Una sesión liviana de bicicleta fija. Allí voy. Estoy de vuelta.
Mi diagnóstico pasó por bursitis, hernia, pinzamiento, coxitis, y paremos de contar.
Ahora, tres semanas después me siento bien. Sin dolor, sin inflamación. Dormir ininterrumpidamente es otra vez posible. Así que es hora de mover el esqueleto.
Empecemos sin perder la cabeza. Una sesión liviana de bicicleta fija. Allí voy. Estoy de vuelta.
lunes, 29 de septiembre de 2014
Todo lo que sube tiene que bajar | Carrera Camino largo y sinuoso
La realidad
Tenía dos opciones después de esa catastrófica carrera del Ultratrail El Ajusco. Seguir pensando en ella, aceptar que también tuve culpa yo en todo ese desorden. Odiar a los organizadores y maldecir a sus hijos y a los hijos de sus hijos hasta el fin de los tiempos. Lo cual me convertiría en un tipo de Maléfica corredora, una amargada soberbia y pedante que se excusa en un fracaso para no seguir corriendo. De haber escogido ese camino, mi experiencia en carreras largas del tipo campo traviesa hubiesen terminado con la frase "iba muy bien hasta que"; con la cual mis amistades las primeras veces escucharían mi cuita, pero luego, con un tono de desilusión y pena ajena dejarían de escucharme o cambiarían la conversación.
En fin, yo luciría así.
La alternativa
Como lo decía, volverme una copia mal hecha de Maléfica era una de las opciones. La otra era enfrentarme otra vez a una carrera dura. La cual tuvo lugar ayer. Una carrera campo traviesa de 33 kilómetros que le hace honor a su nombre: "Largo y sinuoso camino" (aunque debería de ser "tortuoso" más que sinuoso) la cual se corre desde El Zarco hasta el 4to Dinamo. Tiene unas subidas matadoras y unas bajadas igualmente demandantes. Mis piernitas estuvieron cerca de acalambrarse; por el kilómetro 21 me dio esa sensación de que no acabaría; luego seguimos y bajamos, bajamos, bajamos.
Ah, caray... todo esto se subió.
Ciertamente para una novata como yo en este tipo de carreras, fue terrible en cuanto a grado de dificultad. Pero ya sincerándome, fue bonito el camino, agradable la compañía. Esta es la ruta.
Para aquellos mexicatls que les guste esto de la carrera en la naturaleza, les dejo aquí la página de los organizadores www.parasalvajes.com.mx, sin duda vale la pena le echen un ojo.
Y aquí el broche de oro, gracias a que no terminé de amargada, resentida y decepcionada irreversible, pude correr, correr y correr. Ajúa
Largo y sinuoso camino
Fue posiblemente lo más duro que he corrido. Fue demandante, fue eterno, fue intenso. Nada que ver con correr sobre asfalto y con subidas y bajadas moderadas. Esto es completamente otra cosa.
Tenía dos opciones después de esa catastrófica carrera del Ultratrail El Ajusco. Seguir pensando en ella, aceptar que también tuve culpa yo en todo ese desorden. Odiar a los organizadores y maldecir a sus hijos y a los hijos de sus hijos hasta el fin de los tiempos. Lo cual me convertiría en un tipo de Maléfica corredora, una amargada soberbia y pedante que se excusa en un fracaso para no seguir corriendo. De haber escogido ese camino, mi experiencia en carreras largas del tipo campo traviesa hubiesen terminado con la frase "iba muy bien hasta que"; con la cual mis amistades las primeras veces escucharían mi cuita, pero luego, con un tono de desilusión y pena ajena dejarían de escucharme o cambiarían la conversación.
En fin, yo luciría así.
La alternativa
Como lo decía, volverme una copia mal hecha de Maléfica era una de las opciones. La otra era enfrentarme otra vez a una carrera dura. La cual tuvo lugar ayer. Una carrera campo traviesa de 33 kilómetros que le hace honor a su nombre: "Largo y sinuoso camino" (aunque debería de ser "tortuoso" más que sinuoso) la cual se corre desde El Zarco hasta el 4to Dinamo. Tiene unas subidas matadoras y unas bajadas igualmente demandantes. Mis piernitas estuvieron cerca de acalambrarse; por el kilómetro 21 me dio esa sensación de que no acabaría; luego seguimos y bajamos, bajamos, bajamos.
Ah, caray... todo esto se subió.
Ciertamente para una novata como yo en este tipo de carreras, fue terrible en cuanto a grado de dificultad. Pero ya sincerándome, fue bonito el camino, agradable la compañía. Esta es la ruta.
Para aquellos mexicatls que les guste esto de la carrera en la naturaleza, les dejo aquí la página de los organizadores www.parasalvajes.com.mx, sin duda vale la pena le echen un ojo.
Y aquí el broche de oro, gracias a que no terminé de amargada, resentida y decepcionada irreversible, pude correr, correr y correr. Ajúa
Largo y sinuoso camino
Fue posiblemente lo más duro que he corrido. Fue demandante, fue eterno, fue intenso. Nada que ver con correr sobre asfalto y con subidas y bajadas moderadas. Esto es completamente otra cosa.
miércoles, 24 de septiembre de 2014
Crónica de un ultradesastre anunciado | Nunca más el ultratrail Ajusco
El proyecto
El proyecto si bien era ambicioso, se podía conseguir. Correr finalmente más de 42 km y así alejarme del umbral de dolor de los 42 para explorar algunos kilómetros más de la distancia máxima que conocía.
La distancia debía ser pues mayor pero no imposible. Así que para no terminar con alguna lesión mayor ni con una pésima experiencia en ultramaratón descarté de 70 para arriba. Me quedaban pues 50 o 60 km.
Las posibilidades se redujeron bastante al ver qué se ofrecía por mi lugar de residencia. Una pionera carrera me llamó la atención: Ultra Trail Ajusco 2014: 50 km. Sonaba a matrimonio de amor tórrido y pareja perfecta.
La realidad hizo acto de presencia
Unas cuantas pesquisas en Internet y encontré foros y planes de entrenamiento. La cabeza ya había encendido motores: la voluntad estaba dentro del paquete. El cuerpo había pues de espabilarse y juntarse al proyecto.
Abandoné el asfalto y me concentré más en campo traviesa, altitud, subidas. El siguiente paso fue solicitar la altimetría a los organizadores que ya empezaban a hacer alarde de arrogancia ante las preguntas de los inscritos.
La respuesta me inquietó un poco: la darían una semana antes ya que consideraban que no era necesario conocerla. :-\
Supongo que en eso se deja discutir. Habrá corredores que no planean sus carreras ni miran los circuitos por las razones que fueren. Habrá otros que sí las necesitamos para calmarnos un poco y saber dónde estamos en qué kilómetro, cuáles son los puntos duros, etcétera. Pero ponerla una semana antes me pareció una falta completa de preparación por parte de los organizadores.
Como ésta hubo muchas respuestas. No, uno no se inscribe para que lo traten a uno como si fuera Haile Gebrselassie, o en este caso de trail, como si uno fuese el sucesor de Kilian Jornet. Pero un poco de cortesía en las respuestas no está de más, sobre todo cuando la información de la página de los organizadores deja mucho que desear.
Pero vamos, no dejemos que esto nos distraiga. Voy por mis 50 km.
Un día antes de la carrera se ensombreció el tiempo
La entrega de paquetes fue eterna. Incluso llegué a pensar que tardaría más en recoger mi número que en correr al día siguiente. Los organizadores habían prometido camisetas de diferentes tallas, con nombre impreso. El nombre impreso se puede leer con lupa. La información de la talla prefirieron arrancarla. Como si uno fuera estúpido y no supiera a vista si una camiseta tiende al S, M, L o XL...
Pero no nos dejemos irritar. Concentración. Lo que discuto aquí son boberías, son niñerías. Yo no vine a pagar una camiseta. Yo vine a por un ultra.
La carrera
Prendamos motores. Falta media hora.
No. Según los organizadores, la carrera se retrasa.
Vale, vale. Se sale después entonces. No es tan malo.
La carrera comienza y yo salgo con emoción, con alegría, con esas ganas que sale uno cuando lo ha esperado con anterioridad muchas veces. Cinco. Diez. Quince km. Puf, esto sí que es otra cosa. Trail es otra cosa. Una cosa bellísima que me infla las ganas de correr, de luchar contra esas subidas... Veinte, mejor imposible.
Esto del trail es inspirador... Sigamos, porque ya llegamos al veinte... ah caray... por aquí ya pasé... Y por aquí ya pasaron ellos también.
Otro intento.
Nada. Llegamos al mismo lugar.
Otro más. Yo voy, ellos vuelven. Alguno de los dos grupos va en sentido correcto, ojalá sea el mío. Nada. Nos volvemos a encontrar los dos grupos.
Nada. Derecha. Izquierda. Nada.
Mierda, mierda, mierda.
Estamos coriendo en círculos. Nadie a quién preguntar.
Hay que abandonar después de varios intentos y sólo preocuparnos por encontrar la salida.
Es doloroso.
Es peor que el muro. Lo juro. De ésta no me voy a levantar.
Aquí les dejo un reportaje sobre los hechos. El ultradesastre
Se acabó
Primer intento de ultratrail: fallido. Y me queda una espina tremenda en el orgullo, en la motivación.
Tal vez no busqué suficiente la salida. Tal vez debí correr y repetir todo de vuelta. Tal vez.
Ahora a reconstruir ese ánimo. A dejar salir ese enojo, esa frustración, esa impotencia...para empezar otra vez con la frente en alto.
PD
Nunca más me inscribo con tales organizadores de Ultratrail Ajusco (dirigidos por Renato Ríos y Mauricio Ríos) quienes no dieron la cara. Siguen pensando que si nos perdimos fue nuestra culpa a pesar de que prácticamente todos los de 50 km abandonamos. Los organizadores idiotamente tuvieron la cínica idea de celebrar -a pesar del caos- una premiación cuya confiabilidad es nula. No fueron capaces para garantizar siquiera servicios médicos. En fin, una triste y amarga lección para mí. Con el Ultratrail Ajusco nie wieder!
El proyecto si bien era ambicioso, se podía conseguir. Correr finalmente más de 42 km y así alejarme del umbral de dolor de los 42 para explorar algunos kilómetros más de la distancia máxima que conocía.
La distancia debía ser pues mayor pero no imposible. Así que para no terminar con alguna lesión mayor ni con una pésima experiencia en ultramaratón descarté de 70 para arriba. Me quedaban pues 50 o 60 km.
Las posibilidades se redujeron bastante al ver qué se ofrecía por mi lugar de residencia. Una pionera carrera me llamó la atención: Ultra Trail Ajusco 2014: 50 km. Sonaba a matrimonio de amor tórrido y pareja perfecta.
La realidad hizo acto de presencia
Unas cuantas pesquisas en Internet y encontré foros y planes de entrenamiento. La cabeza ya había encendido motores: la voluntad estaba dentro del paquete. El cuerpo había pues de espabilarse y juntarse al proyecto.
Abandoné el asfalto y me concentré más en campo traviesa, altitud, subidas. El siguiente paso fue solicitar la altimetría a los organizadores que ya empezaban a hacer alarde de arrogancia ante las preguntas de los inscritos.
La respuesta me inquietó un poco: la darían una semana antes ya que consideraban que no era necesario conocerla. :-\
Supongo que en eso se deja discutir. Habrá corredores que no planean sus carreras ni miran los circuitos por las razones que fueren. Habrá otros que sí las necesitamos para calmarnos un poco y saber dónde estamos en qué kilómetro, cuáles son los puntos duros, etcétera. Pero ponerla una semana antes me pareció una falta completa de preparación por parte de los organizadores.
Como ésta hubo muchas respuestas. No, uno no se inscribe para que lo traten a uno como si fuera Haile Gebrselassie, o en este caso de trail, como si uno fuese el sucesor de Kilian Jornet. Pero un poco de cortesía en las respuestas no está de más, sobre todo cuando la información de la página de los organizadores deja mucho que desear.
Pero vamos, no dejemos que esto nos distraiga. Voy por mis 50 km.
Un día antes de la carrera se ensombreció el tiempo
La entrega de paquetes fue eterna. Incluso llegué a pensar que tardaría más en recoger mi número que en correr al día siguiente. Los organizadores habían prometido camisetas de diferentes tallas, con nombre impreso. El nombre impreso se puede leer con lupa. La información de la talla prefirieron arrancarla. Como si uno fuera estúpido y no supiera a vista si una camiseta tiende al S, M, L o XL...
Pero no nos dejemos irritar. Concentración. Lo que discuto aquí son boberías, son niñerías. Yo no vine a pagar una camiseta. Yo vine a por un ultra.
La carrera
Prendamos motores. Falta media hora.
No. Según los organizadores, la carrera se retrasa.
Vale, vale. Se sale después entonces. No es tan malo.
La carrera comienza y yo salgo con emoción, con alegría, con esas ganas que sale uno cuando lo ha esperado con anterioridad muchas veces. Cinco. Diez. Quince km. Puf, esto sí que es otra cosa. Trail es otra cosa. Una cosa bellísima que me infla las ganas de correr, de luchar contra esas subidas... Veinte, mejor imposible.
Esto del trail es inspirador... Sigamos, porque ya llegamos al veinte... ah caray... por aquí ya pasé... Y por aquí ya pasaron ellos también.
Otro intento.
Nada. Llegamos al mismo lugar.
Otro más. Yo voy, ellos vuelven. Alguno de los dos grupos va en sentido correcto, ojalá sea el mío. Nada. Nos volvemos a encontrar los dos grupos.
Nada. Derecha. Izquierda. Nada.
Mierda, mierda, mierda.
Estamos coriendo en círculos. Nadie a quién preguntar.
Hay que abandonar después de varios intentos y sólo preocuparnos por encontrar la salida.
Es doloroso.
Es peor que el muro. Lo juro. De ésta no me voy a levantar.
Aquí les dejo un reportaje sobre los hechos. El ultradesastre
Se acabó
Primer intento de ultratrail: fallido. Y me queda una espina tremenda en el orgullo, en la motivación.
Tal vez no busqué suficiente la salida. Tal vez debí correr y repetir todo de vuelta. Tal vez.
Ahora a reconstruir ese ánimo. A dejar salir ese enojo, esa frustración, esa impotencia...para empezar otra vez con la frente en alto.
PD
Nunca más me inscribo con tales organizadores de Ultratrail Ajusco (dirigidos por Renato Ríos y Mauricio Ríos) quienes no dieron la cara. Siguen pensando que si nos perdimos fue nuestra culpa a pesar de que prácticamente todos los de 50 km abandonamos. Los organizadores idiotamente tuvieron la cínica idea de celebrar -a pesar del caos- una premiación cuya confiabilidad es nula. No fueron capaces para garantizar siquiera servicios médicos. En fin, una triste y amarga lección para mí. Con el Ultratrail Ajusco nie wieder!
lunes, 15 de septiembre de 2014
No soy runner.
No soy runner. Me rehuso a que se me dé ese mote o se ligue la palabra conmigo. No lo soy.
Lo mío no es una moda. No salgo a correr para usar mi App de correr, ni mis tenis de marca o mi super sintética chaqueta rompevientos.
No soy runner, repito. Lo mío no es una moda. Es una forma de ser. Por eso, yo soy corredora.
(He dicho)
Lo mío no es una moda. No salgo a correr para usar mi App de correr, ni mis tenis de marca o mi super sintética chaqueta rompevientos.
No soy runner, repito. Lo mío no es una moda. Es una forma de ser. Por eso, yo soy corredora.
(He dicho)
martes, 2 de septiembre de 2014
Correr y una pésima estación de radio
Salí a
correr escuchando la radio, sobre todo porque salí sola. No me gusta mucho
escuchar música cuando voy por más de 20 km. Le dejé en la primera que sintonizó el
teléfono: “Miled”, de Toluca. Tres horas fueron suficientes para darme cuenta
de la basura que puede ser una estación de radio.
La primera
hora, hora todavía para los que están casi a punto de irse a la cama, luego del
gran reventón son las últimas canciones de tecno. Entre bloque y bloque de
canciones aparecían spots del gobierno de la república, donde el presidente
hablaba sobre sus reformas. En el spot él habla de forma muy amistosa, no como
si hablara a ciudadanos; sino como a personas tontas que necesitan que les
expliquen hasta lo más básico.
El spot no
sólo me enervó. Lo que me pareció inverosímil es la forma tan flaca de proteger
sus reformas; donde nunca se dan datos y sólo se establecen castillos de arena
(que por desgracia no habrán de alcanzarse ni en corto, ni en el mediano
plazo).
Un spot
tras otro. En eso se va el dinero del gobierno: en tatuar en los oídos de los
mexicanos que sus reformas (algunas de ellas vendepatrias) que a todos nos va
ir muy bien, que vamos a contaminar menos, y con el tiempo (en dos años) vamos
a ver el gran ahorro en la luz. Este es un país que le daba vergüenza decir
públicamente que padece de pobreza, dice el presidente. Pero ya no hay que
preocuparnos, porque con su plan que combate el hambre, la cosa va a mejorar:
Sí, su plan atiende a 3 millones de personas de escasos recursos. No hay que
olvidar a los 39 millones restantes. Porque eso sí: pobres hay 42 millones. Y
tampoco hay que llevar el plan a zonas “visibles” nada más. Para que uno se
confunda con la visión de que se está haciendo algo: faltan zonas aisladas, en
desastre. Eso también hay que atender y no nada más las zonas que los votantes
ven.
Uno tras
otro, tras otro. Y la cosa se puso mucho peor... Entre los mensajes para bobos
donde habla el presidente, se intercalan spots donde la gente está feliz por
las buenas reformas: “me dijeron que contaminaremos menos”, “supe que bajaría
el precio de la luz”. ¿Son esos argumentos? ¿Son esas fuentes: los rumores y la sapiencia venida de la nada?
No señor,
conmigo no. Puede usted ponerme esos malditos spots pero no me voy a tragar que
NO hubo discusión en muchas de las reformas y que la rudeza de varias (sea
necesario o no cambiar la situación) va a tener repercusiones inmediatas y
desastrosas en ciertos sectores poblacionales. Usted no dialogó, no argumentó,
no expuso la necesidad de las reformas. Y tanto es así que sus spots me dan la
razón. Su estrategia es idiotizar a la gente para que uno acabe con la tonadita que fueron buenas decisiones.
Luego
mientras yo me peleaba con esa situación, me pregunté: ¿es la gente realmente
manejable a ese nivel tan básico? Y el siguiente programa me dio la respuesta. Los hermanos Yañu, que
atienden cuestiones esotéricas me cortaron el habla. El programa en turno lo conducían videntes.
El formato -grosso modo- era el siguiente: La gente se comunicaba diciendo
–recalco- exclusivamente la fecha de su nacimiento y el tipo les adivinaba el
problema: veía que el marido, que el hermano que no se qué tenía energía
negativa en su cuerpo. Pero no se preocupe, decía, tráigamelo y yo le daré la
solución.
El tipo
salvaba pacientes terminales de cáncer y problemas renales... Hacía al adúltero casto, al desahuciado, sano; y a la fea, bonita. Bueno, casi.
No paró ahí el asunto: El
siguiente programa vino a pisotear mi humor: un doctor naturista vendía un
concentrado que literalmente lo curaba todo. ¿No está enfermo usted? Sí, usted,
no es necesario que tenga diabetes o colesterol. Tómelo porque yo sé que usted
va por mal camino, ¿o no? Dígame, ¿no se tomó hoy una coca?
El tipo al
decir esto ¿qué hace? Prácticamente el mensaje es éste: Aliméntate como si no
te importara tu cuerpo, descuídalo, agrédelo, no lo cuides. Porque yo tengo el
antídoto para lo que te va a causar enfermedades.
No es
gratuito pues que la cocacola tenga un mercado fiel y seguro –tal vez se acaben
los guadalupanos algún día pero los cocacoleros nunca- aquí en México.
Ojalá algún
día –y que ese día llegue pronto, de ser posible mañana- llegue gente con una
buena ética a esa estación de radio: gente responsable que no cure
milagrosamente, que no le dé porquerías a la gente para aliviar sus penas.
Ojalá que algún día llegue gente que le hable CON SINCERIDAD a su público y
también le diga sus verdades: Que si está gordo es porque se alimenta mal; que
si pierde el trabajo, es porque es un haragán; que si se enferma es porque sus
hábitos son incorrectos.
Ojalá...
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